domingo, 11 de mayo de 2008

LIBERTAD PSICOLOGICA

En estos días se habla mucho de libertad. Vivimos el vértigo de la palabra. Está en el aire. En los medios audiovisuales. En la calle.

Como todas las palabras prismáticas, su definición es ambigua. Tiene múltiples sentidos. Entre nosotros, por ejemplo, se relaciona con la febril defensa de la propiedad y la oposición que hacen al gobierno algunos sectores sociales. En nuestro caso pues, el énfasis es económico y político.

Desde un punto de vista psicológico, libertad se asocia con consciencia, creatividad y autonomía. No es evidentemente lo que preocupa actualmente. Pero el asunto es pertinente porque libertad es uno de esos temas que tocan desde los derechos civiles hasta las intimidades del alma.

En ese orden de ideas, una persona es libre cuando tiene capacidad reflexiva, cuando conoce un poco sus luces y sombras y, puede elegir conscientemente, entre diversas opciones. Y no lo es, no es libre, cuando permanece prisionera de complejos y creencias que impiden una vida de escogencia.

Es llamativo que el pregón de libertad, que se sostiene con pancartas, no siempre se acompañe de energía liberadora en la psique individual. Es contradictorio. Sugiere, por lo menos, superficialidad del discurso. Y tal vez, una subjetividad fragmentada.

No me estoy refiriendo a ningún grupo de presión en particular ni estoy descalificando de antemano las luchas genuinamente democráticas. Describo sí un fenómeno psicológico, verificable en el consultorio y extensivo a personas, llamado neurosis por los psicoanalistas y alienación por los marxistas.

La psique cautiva, la que no es libre, anida en quienes quedamos atrapados en complejos de poder o de dinero que son, entre muchos, los más frecuentes. El desarrollo individual se petrifica. En la práctica lo vemos en los militantes de cualquier causa, que mecánicamente repiten, como todo lo neurótico, la misma monserga. Y se diluyen en la masa, paralizando el camino hacia su singularidad que es el máximo escalón de la libertad psicológica.

Así las cosas, el totalitarismo que se dice combatir afuera, en el escenario colectivo, se enquista en los corazones. Somos poseídos. Permanecemos polarizados. No reconocemos la existencia de los otros. Negamos la diversidad.

Libertad, en resumen, es una palabra hermosamente subversiva, que implica siempre alteridad. En su nombre podemos reflexionar el estado de nuestro psiquismo. ¿Somos realmente libres cuando defendemos la libertad? Es necesario mirar e integrar nuestros complejos. Y superar las identificaciones que impiden el encuentro libre con nosotros mismos.